Los proyectos empresariales conllevan, por definición, mucho esfuerzo, dedicación y trabajo. No es una tarea fácil y exige, en muchas ocasiones, constancia y disciplina. Sin embargo, los emprendedores saben que estas premisas no son siempre suficientes para alcanzar el éxito.

Existen ciertos factores que conducen a una empresa a lograr beneficios, y algunos de ellos están relacionados con aspectos financieros. La clave está en generar una riqueza y un patrimonio que sea consistente a lo largo del tiempo, para lo cual la empresa tendrá que potenciar su capital al máximo posible.

Liquidez y poco endeudamiento

Todas las pymes, a lo largo de su actividad, deben disponer de una cierta cantidad de liquidez como para acometer sus compromisos de pago a corto plazo. El pago de las nóminas, las facturas, los impuestos y las deudas son algunos de los más importantes.

Sin embargo, la liquidez está íntimamente relacionada con la deuda, especialmente el pasivo corriente, es decir, los compromisos de pago que vencen en un horizonte temporal de un año o menos, el considerado a corto plazo. Si esta partida es superior al activo corriente, el que puede ser convertido en dinero en un plazo inferior al año, la empresa puede atravesar por problemas financieros que desemboquen en una suspensión de pagos y posterior quiebra.

Esta variable, conocida como fondo de maniobra, es básica en finanzas empresariales. Debe estar siempre equilibrado para que la empresa pueda operar de forma normal. Es uno de los principales mandamientos de todo proyecto empresarial, y una de las variables que más influye en el éxito.

Crecimiento a través de la reinversión

Muchos inversores creen que una empresa exitosa debe repartir dividendos tan pronto como obtenga beneficios. Sin embargo, el verdadero crecimiento se consigue mediante su reinversión, incorporándolo al capital para garantizar su crecimiento. Una realidad que no todos comprenden, y que fuerza a las empresas a seguir una estrategia que no siempre es la óptima por presión de los accionistas.

De hecho, en algunos casos, es la propia legislación nacional la que en ocasiones exige y en otras incentiva fiscalmente que las empresas reinviertan parte de su beneficio dentro de la propia empresa. Sin embargo, se trata de un difícil equilibrio que, si no se gestiona de forma adecuada, puede acabar poniendo en riesgo la viabilidad del proyecto.

Captar la atención de futuros inversores

La atracción de capital es un elemento imprescindible para crecer como alternativa si no se tienen suficientes recursos propios procedentes de la reinversión de beneficios. Permite aumentar la riqueza de la empresa y favorece la puesta en marcha de inversiones con fondos propios, sin recurrir al endeudamiento y garantizando un crecimiento solvente. Sin embargo, el proyecto empresarial no siempre seduce a potenciales inversores, especialmente porque los nuevos negocios tienen que competir con la totalidad del mercado.

Además, el nuevo panorama económico ha abierto nuevas oportunidades y hábitos que ayudan a los usuarios a invertir de manera estructurada a medio y largo plazo. Saber dónde invertir tu dinero, tener claro el objetivo de la inversión y definir un tiempo, ha sido y seguirá siendo la guía para obtener los mejores resultados. Esto hace que la atracción de capital hacia nuestro negocio sea más compleja si no ofrece mejores rentabilidades que otras opciones.

En definitiva, el capital de la empresa es el elemento sobre el que pivota el crecimiento de una idea o un proyecto empresarial. Sin él, las empresas no podrían expandirse, y los inversores tampoco podrían lograr rendimientos por su ahorro.

¿Te ha resultado útil esta información?

Haz click en las estrellas para valorarlo

Valoración media / 5. Total votos:

Nos alegra que te haya resultado útil

Síguenos en redes sociales para estar al día de nuevos contenidos

Sentimos que no te haya resultado útil

Intentaremos mejorar este contenido