Seguramente durante el año 2020  has oído en repetidas ocasiones que, como consecuencia de la pandemia, cada vez había más personas que trabajaban a distancia, eligiendo para ello los lugares con menor incidencia del virus y que cumplían con las mejores condiciones para esa forma de trabajo.

Los cambios que ha habido en la forma de trabajar, especialmente durante los peores meses de la crisis sanitaria, han sido indudables, pero esos cambios ¿han supuesto una transformación radical en la forma de vivir y de trabajar para la inmensa mayoría de los que han pasado del trabajo presencial al trabajo a distancia?

La respuesta sería positiva si muchos trabajadores o empresarios establecidos localmente, con residencia fija, hubieran empezado a deslocalizarse, convirtiéndose en los llamados nómadas digitales. Hablamos de deslocalización a nivel interno de país cuando se han permitido los desplazamientos, porque internacionalmente los movimientos han estado enormemente restringidos.

El concepto de nómada digital no es algo que haya surgido en 2020, sino que nace bastantes años atrás.

La posibilidad de poder deslocalizarse a nivel laboral y empresarial empezó en el momento en que internet nos brindó la posibilidad de acceder a archivos y aplicaciones en la nube o a distancia de un lugar fijo físico donde tendríamos ubicada una infraestructura base, en unas condiciones de conexión óptimas.

Internet,  en la forma más cercana a como hoy la conocemos, surge en la década de los años 90, aunque su origen se remonta a la década de los 60 en Estados Unidos, con la creación de ARPANET (Advanced Research Projects Agency Network o Red de la Agencia para los Proyectos de Investigación Avanzada).

Con la generalización del uso de internet, con el incremento exponencial de las velocidades de conexión que permiten trabajar en unas condiciones óptimas de productividad, y con la sofisticación de los servidores y las aplicaciones que pueden alojarse en ellos, haciendo del trabajo en remoto una experiencia tan buena, o  incluso mejor, que la de trabajar en una oficina, muchos emprendedores decidieron  dar el salto y convertirse en nómadas digitales.

¿Por qué quedarse en un sitio fijo, metido en una habitación en una ciudad ruidosa y con contaminación, en la que perdemos salud y tiempo en desplazamientos cuando podemos estar trabajando en un apartamento en una zona de playa, viendo el mar mientras nos tomamos un café helado?

O mejor aun ¿por qué no cambiar de ubicación cuando te cansas de ver el mar y te desplazas a un hotel de montaña en otro país?

La verdad es que resulta tentador ¿verdad? Solamente tenemos que buscar zonas que cuenten, o bien con buenas redes wifi o de red cableada, o bien con buenas coberturas para conectarnos con nuestro móvil a través de datos 4G. Y no digamos nada cuando se implante definitivamente el 5G.

¿Cualquier persona puede ser nómada digital? ¿Cualquier actividad se puede realizar como tal nómada digital?

Ser nómada digital no es tan sencillo como preparar el portátil, el móvil, una maleta o mochila y coger el coche, un tren o un avión.

La mayoría de personas tenemos lazos, relaciones y obligaciones en los lugares en los que habitualmente residimos y trabajamos: familia, amistades, propiedades…y esto actúa como limitación, más o menos duradera, para pasar a trasladarnos  lejos de esos lugares de residencias habitual.

Además precisamos  tener unos recursos monetarios mínimos. Moverse exige una capacidad financiera  variable en función de las condiciones y los destinos a los que queramos ir.

No es lo mismo conformarnos, por ejemplo, con localizar un camping en Asturias, que ofrezca red wifi o una buena cobertura, y vivir en una cabaña, caravana o furgoneta, propia o alquilada, que necesitar o preferir otro tipo de  instalaciones como un hotel o un apartamento.

Tampoco es lo mismo estar en los inicios de una startup, con la incertidumbre de unos ingresos escasos que apenas den para cubrir costes operativos básicos, teniendo además necesidad de conectar con proveedores locales, abrir mercado, establecer acuerdos con colaboradores, que tener una empresa consolidada, funcionando a todo tren, con un equipo que permite delegar tareas permitiendo supervisar y dirigir a distancia.

Respecto a la actividad no es lo mismo ser un bróker de divisas o tener un ecommerce que tener una empresa de artes gráficas. Obviamente hay actividades más propensas para que podamos convertirnos en nómadas digitales. Todas las relacionadas con la tecnología y que permiten gestionar y prestar servicios y/o productos a distancia, son candidatas preferentes para poder trabajar viajando.

¿Y el destino? ¿Puedo moverme libremente por el mundo?

Con carácter general, podemos decir que sí.

Haremos el ejercicio de suponer que en el plano personal podemos movernos sin ataduras y que disponemos de capacidad financiera suficiente, ya sea generada por el propio negocio, por el sueldo que recibimos o por la combinación de recursos generados por nuestra empresa con trabajos esporádicos allá donde vamos.

Siendo libres, casi cualquier destino podrá ser el que nos acoja. Pero es necesario que reúna unas infraestructuras mínimas. Conviene recordar que  si no estamos en establecimientos o lugares con wifi de calidad, conectarnos mediante datos puede suponer cargos adicionales, por roaming, si estamos fuera de la Unión Europea.

¿Y cómo ha influido la pandemia en el crecimiento de los nómadas digitales?

Nuestra opinión es que realmente no ha habido un crecimiento especial de los nómadas digitales. El efecto que sí se ha producido como resultado de la pandemia es un cierto cambio en la forma que tanto empresas como trabajadores visualizan ahora el trabajo a distancia.

Decimos cierto cambio porque no vemos un antes y un después a gran escala. Algunas empresas y trabajadores que antes no creían posible la prestación del trabajo  o el plantear un negocio sin estar ligado a un espacio físico, han visto que es posible.

Diríamos que ha sido más la disrupción a nivel de empresa/trabajador, dado que la obligación impuesta por el confinamiento de trabajar a distancia ha mostrado a empresarios y empleados que todo puede funcionar igual o mejor de esta forma. De hecho, es creciente el número de empresas que señalan entre los beneficios de trabajar para ellas la posibilidad de alternar trabajo en la oficina y a distancia. Y desde el lado de los trabajadores cada vez se valora más esa flexibilidad a la hora de decidir un cambio de trabajo.

Muchos han podido experimentar las ventajas de  ganar varias horas perdidas antes en desplazamientos o de disponer de cierta flexibilidad para conciliar vida familiar y profesional. Y esto hace que un número considerable de trabajadores, según los informes publicados, no quieran volver a la situación anterior, o, al menos, no de la misma manera,  y que prefieran  compatibilizar trabajo presencial y  a distancia. Incluso algunos han descubierto los beneficios de trabajar desde su segunda residencia.

Está claro que esta nueva forma de trabajar no tiene la simpatía y preferencia de todos los trabajadores sino solo de aquellos que pueden contar con espacios adecuados para poder concentrarse y realizar sus tareas con distracciones mínimas.

Tampoco habrán sido fans de este nuevo modelo surgido durante la pandemia aquellos que por personalidad, circunstancias o tipo de trabajo necesitan salir de un espacio físico fijo, moverse e interactuar ya sea con compañeros, clientes o proveedores. Ya se habla de cierta saturación en el modelo de reuniones mediante videoconferencia, lo cual es perfectamente comprensible.

Pero aunque son muchos los que  en los meses pasados han probado  el trabajo a distancia, no por ello parece que el estilo de vida nómada digital haya crecido por la pandemia significativamente, sino más bien que muchos han descubierto los beneficios del trabajo no presencial, lo que no les convierte en nómadas digitales.

Sin embargo, es posible que en un futuro más cercano de lo que  podamos imaginar sí se produzca una verdadera transformación que haga posible hablar de generación de nómadas digitales. Según muchos estudios, incluso profesiones que actualmente no imaginamos que puedan desarrollarse sin estar ligadas a un espacio físico determinado de trabajo van a experimentar una transformación tan brutal que, en poco tiempo, permitirán su ejercicio a distancia.

Un ejemplo de esta transformación puedes verla en la tecnología de hologramas que puede conectar a cualquier persona a cualquier distancia, ya sea cinco metros o cinco mil kilómetros según sus desarrolladores,  y que  ha sido presentada recientemente en su versión demo.

En definitiva, la pandemia y la obligación de trabajo a distancia pueden disparar en el futuro el crecimiento de nómadas digitales, de esos trabajadores que lo han probado, y se han visto atraídos por la libertad que proporciona el poder trabajar desde cualquier ubicación. Es posible que, si tienen oportunidad, reorienten sus carreras profesionales buscando puestos de trabajo o incluso creando sus propios negocios, para sumarse a esta forma de vida.

Igualmente, la reciente situación vivida, ha provocado que muchos sectores reorienten su oferta de productos y servicios para atraer a los trabajadores a distancia, lo cual, sin duda, ha beneficiado de forma indirecta a los nómadas digitales ya existentes.

Si estás interesado en esta forma de vida puedes visitar, por ejemplo, el blog trabajarporelmundo.org  fundado por Javier Bermúdez en donde encontrarás ideas, recomendaciones y artículos variados en torno al universo del nómada digital.

Si eres uno de ellos o te atrae serlo estaremos encantados de escuchar tu experiencia en los comentarios. Seguro que muchos nómadas en potencia lo agradecen.

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