Queremos compartir contigo parte de la experiencia de un emprendedor que, hace aproximadamente veinticinco años, se lió la manta a la cabeza, dejó su trabajo y decidió apostar por su propio negocio a pesar de los miedos, riesgos e incertidumbres.

Y lo hizo teniendo pocas certezas y muchas dudas,  pero muy seguro de que, pese a las limitaciones monetarias que le hacían revisar constantemente sus presupuestos de gastos, había dos partidas con las que no  iba a regatear.

Una era lo que hoy se conoce como branding corporativo.

La otra era la retribución salarial y condiciones laborales de sus trabajadores.  Conocía por experiencia que la implicación y dedicación del personal había que fomentarla y agradecerla, y parte de ese reconocimiento debía ser mediante una justa retribución y unas buenas condiciones laborables porque solo así se podía crecer.

Si lo piensas detenidamente ambas están íntimamente relacionadas.

En la actualidad conceptos como flexibilidad horaria, trato igualitario  o buen ambiente de trabajo forman parte de  nuestra realidad o  de nuestro vocabulario cotidiano, pero hace apenas dos décadas eran conceptos inexistentes en la inmensa mayoría de los casos. Solamente personas con una especial sensibilidad y, en cierta medida, visionarios se aproximaban a ellos.

Algo parecido ocurría con la marca entendida como mucho más que un logotipo.  Dedicar tiempo y dinero a la construcción de la identidad corporativa y  contratar  para ello a una agencia de branding no era lo habitual fuera del ámbito de  las grandes empresas.

Y no solo porque no se diera importancia por parte de los empresarios a la creación de la propia marca sino porque tampoco era fácil encontrar empresas de branding que pusieran su talento creativo al servicio de una estrategia comercial al alcance de las pymes.

Una de las principales críticas constructivas que  a menudo hacen los profesionales del diseño y publicidad referida a las empresas es la falta de una estrategia corporativa.

En el caso de las pymes, muchas se limitan a tener un logotipo, unos colores pero no una estrategia. Esto se traduce en que los diversos materiales corporativos se improvisan y no comparten una misma estética y ni siquiera tienen lo que en marketing se conoce como claim, ese eslogan que quedará unido a la marca, a la identidad corporativa y ayudará a reforzarla.

La memoria y las emociones van unidas y jugando con esos dos procesos la publicidad persigue, mediante la repetición, crear esos  estímulos de manera que la marca de un producto o servicio se asocie con la emoción que se persigue, aportando un valor diferencial frente a la competencia. Recuerda casos como los de esa marca que era “la chispa de la vida”; o aquella que te pregunta, “¿te gusta conducir?”; la que afirma con rotundidad “…porque yo lo valgo”.

Esto lo saben las grandes marcas. Cierto que sus presupuestos no tienen nada que ver con las cifras de la mayoría, pero eso no significa que las pymes no puedan utilizar, aunque sea a otra escala, esos recursos publicitarios. Recuerda que la imagen se crea y  se refuerza con un logotipo, con el sonido,  con ese texto que resume la identidad de cada compañía, lo que es y lo que ofrece. Todo influye. Y de lo que se trata es de que tus clientes, tanto si ya lo son como si son potenciales, recuerden que estás ahí no de forma racional sino emotiva. Y esto se consigue con la ayuda de una  buena estrategia comercial ya sea al inicio de tu negocio, cuando todavía no tienes ni idea de cómo escoger un diseño, los colores o los mensajes,  o reinventándote para afrontar una nueva etapa.

El emprendedor al que nos referíamos al principio fue capaz de implicar en su proyecto a lo que inicialmente era un pequeño grupo de trabajo, apenas cinco personas además de él. Y esa conciencia del trabajo bien hecho, de la escucha activa y del trato personal, supo inculcarlo y aplicarlo de cara a los clientes porque era su forma de ser y  así lo hacía igualmente de puertas para adentro con su equipo. Y la consciencia de la importancia de la estrategia comercial le llevó a poner en manos de profesionales del branding, la creación de su imagen corporativa.

Hoy en día cuenta con  un equipo de cincuenta personas que siguen siendo los mejores comerciales porque no pueden evitar hablar con orgullo de la empresa de la que forman parte. Y continúa reinventándose ayudado por aquellos jóvenes que hoy ya no lo son tanto, que le ayudaron en sus comienzos a crear su propia marca.

“Empiezo con una idea y luego se transforma en otra cosa”  (Pablo Picasso)

 

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